Este es mi tercer intento de escribir sobre esto y mientras empiezo dudo de si esta vez mis palabras se quedarán grabadas sobre mi lienzo blanco digital o si, como sus predecesoras, dejarán de existir con un rápido click.
Es una conversación que se me hace difícil, que se me atraganta, porque mi privilegio ha permitido que no le tenga que dar muchas vueltas, que pueda ignorar el problema, que no haya sido nunca plenamente consciente de sus consecuencias.
Qué tengo que decir yo, una mujer blanca viviendo en Europa, sobre el racismo? Puedo decir si quiera que sé lo que es cuando sólo lo he presenciado de lejos, a través de noticias y rumores? Puedo tener una opinión cuando ni siquiera tengo a personas de otras razas dentro de mi círculo habitual de amigos?
Probablemente lo que debería hacer es informarme y dar un paso atrás. Dejar que sean ellos los que hablen, respaldarlos como pueda y cederles el protagonismo que tantas veces les hemos robado. Probablemente yo no debería dar consejos sobre cómo actuar o cómo ser anti-racista. Probablemente no debería estar escribiendo. Pero si el racismo es un virus, una pandemia global (por usar un vocabulario muy relevante en estos momentos), escribir es mi vacuna.
Creo, a riesgo de equivocarme (y si lo hago, por favor, no dudes en corregirme), que no hace falta ser negra, árabe, asiática o latina para entender lo que está ocurriendo. Al final todo se reduce a una palabra que todos conocemos muy bien: discriminación. El trato desigual. Y lo más triste de todo es que las razones por las que puedes ser discriminado son tantas que poca gente en el mundo se libra de ella. Se menciona muchas veces a las minorías cuando hablamos de discriminación, pero la verdadera minoría es la de aquellos que no son discriminados.
Tal vez nunca podré llegar a entender el sufrimiento que conlleva no ser blanco en un mundo dominado por blancos, pero tengo muy claro que si no quiero que me traten injustamente a mí, no debo dejar que traten injustamente a los demás.
No alces el puño el 8 de marzo si luego vas a bajarlo cuando se trate de razas. No te vistas con los colores del arcoíris el 28 de junio si luego vas a darle la espalda a los colores de la piel. No hables de igualdad de oportunidades cuando te convenga si luego vas a quedarte callado. Y viceversa. No pidas justicia para George Floyd si luego no vas a concedérsela a otros colectivos.
Pero sobretodo, no pienses, ni por un segundo, que todo esto no va contigo.
La justicia (o más bien la falta de ella) nos afecta a todos y en el momento en que sólo se le aplica a algunos deja de serlo.